viernes, 2 de marzo de 2007

VIOLACIONES DE LOS DERECHOS HUMANOS EN ESPAÑA (III) LA SOCIEDAD DURMIENTE

La reacción especialmente airada de la sociedad española ante la excarcelación del preso de conciencia De Juana Chaos, verificada ayer, me da pie para retomar el análisis sociológico sobre los procesos que llevan a la casi totalidad de individuos de una sociedad a posicionarse a favor de aberraciones como el pisoteo de los Derechos Humanos, el recorte de libertades básicas, la pena de muerte o la cadena perpetua; desandando el doloroso camino que el Hombre ha hecho a lo largo de su Historia para lograr la dignidad de su especie y acercándose a estadios anteriores de civilización. La cuestión, contemplada desde este punto de vista, es de extrema importancia, pues como digo el camino ha sido doloroso y una multitud de personas sufrieron tortura y muerte para brindar a la humanidad esos derechos y ese grado de civilización que hasta hace poco disfrutábamos.

En el caso que nos ocupa, hay que señalar varios factores que explican este aparente absurdo, esta renuncia a conquistas valiosas. Las enumeramos:

· En primer lugar, el origen común de muchos males de este mundo: la ignorancia. El desconocimiento del valor de las conquistas sociales y la necesidad y el deber de los ciudadanos de preservarlas y vigilar su observación.

· En segundo lugar, la rancia idea de España, el sentimiento nacional heredado de la dictadura y plenamente vigente en toda una generación superviviente del franquismo y educada en sus valores.

· En tercer lugar, la ofensiva mediática contra cualquier manifestación de disidencia contra el orden burgués, desatada a raíz de los atentados del 11/S en New York y expandida desde su origen estadounidense al resto de naciones occidentales.

La ignorancia de la sociedad española en materia de derechos y deberes del ciudadano, de funcionamiento del Estado y de su forma de gobierno es patente. La mayor parte de los ciudadanos tienen una idea intuitiva de todo ello, muchas veces equivocada. Este hecho revela dos cosas: si esto es así, es porque el Estado lo ha permitido, y yo diría que lo ha fomentado. Sin embargo debería ser al contrario: es un deber prioritario del Estado informar a los ciudadanos de todo lo que en él se cuece, y darles los conocimientos necesarios para tomar partido en la vida pública, teniendo así capacidad para interpretar las posibles opciones y actuar de acuerdo con sus intereses, esto es darles la LIBERTAD que se supone que es el valor supremo de la Democracia. Un ciudadano ignorante de sus derechos es un esclavo a merced del Poder. Hasta ahora, el Estado español no ha hecho los deberes y ha permitido que la desidia natural del ser humano, ayudada por el bienestar del desarrollo, suman al ciudadano en un “sopor civil” en el que se dedica a recibir las decisiones que llegan de lo alto como palabra divina. Además, la situación no ha ido a mejor, sino al contrario: el Estado parece intentar por todos los medios a su alcance adormecer al ciudadano. Un ejemplo de ello lo vemos en la televisión del Estado, TVE, cuya paleta ofrece numerosos “programas basura”, ninguno de educación cívica y muy pocos culturales, en una evolución para peor que parece no encontrar fondo (basta recordar “El tiempo es oro” y compararlo con alguno de los concursos que se nos ofrecen hoy en día), desperdiciando lo que podría ser un vehículo excelente para proporcionar al ciudadano esos “instrumentos de libertad” que son los conocimientos civiles y la cultura.

Todo esto es una evidencia más de que el Estado no sirve al ciudadano, sino al Poder, el primer interesado en contar con una masa de trabajadores satisfechos de su vida mediocre y sin sobresaltos, que con su ignorancia tragan con cualquier atropello. Y el último con el que nos quieren hacer tragar es que debemos renunciar a nuestros derechos fundamentales para poder salvaguardar nuestra seguridad frente a la amenaza de los fanáticos islamistas que quieren ponernos a todos arrodillados de cara a la Meca. Y el primero al que debemos renunciar es al derecho a disentir: no cabe en este mundo más ley ni otra organización social que la ley y la organización burguesas. Cualquiera que alce la voz para criticar el orden establecido (De Juana), o se reúna para discutir acciones violentas o no (Batasuna) está fuera de la ley y será juzgado y encarcelado. Siguen el derecho a la intimidad (registros en aeropuertos, pinchazos telefónicos), el derecho a la presunción de inocencia (linchamientos públicos en la prensa, prisión de Guantánamo)… y cualquiera que haya seguido las noticias en los últimos 4 años se dará cuenta de que este proceso regresivo en cuanto a derechos y libertades avanza a velocidad de vértigo. Los ejemplos en España de derechos atropellados, De Juana y la izquierda abertzale vasca, podrían situar a un incauto ciudadano en la ingenuidad de pensar que “eso sólo les pasa a los terroristas”. No es así. La nueva doctrina de “tolerancia cero” con los disidentes de cualquier signo ha afectado a grupos de jóvenes que son encarcelados y golpeados en las comisarías por manifestarse contra la OTAN, a intelectuales que han sido censurados en medios donde antes había una sensibilidad más tolerante, y en muchos más ámbitos. Se trata de una nueva sensibilidad con respecto a la disidencia, un nuevo modo de pensar, que pone en duda la vigencia de los Derechos Humanos ya sin ninguna vergüenza (hace años que USA los viola, pero hasta hace poco trataba de disimularlo). Queridos lectores, esto es extremadamente grave: nos encontramos en un momento clave de la Historia. Es el momento de luchar, o el Poder nos someterá para siempre.

Retomamos la explicación de la aceptación, por parte de la sociedad española, de la violación de los Derechos Humanos. Tenemos, pues, que muchos ciudadanos ignoran estos derechos y que el caso de De Juana ha sido un evidente atropello de los mismos, creyéndose que la Justicia actúa siempre respetando estos derechos y siendo incapaz, debido a su ignorancia, de leer entre líneas en las noticias que trataban de presentar el caso como algo positivo para la lucha antiterrorista y respetuoso con los derechos fundamentales.

La segunda razón es particular de España, aunque se da también con mayor o menor peso en otros países. Cabe preguntarse el porqué de ese odio visceral que despiertan los terroristas independentistas vascos en la ciudadanía española, y en menor medida, aunque nada despreciable, también los nacionalistas democráticos, sean vascos o catalanes. Es evidente: el ciudadano español no nacido en alguna de las “comunidades históricas” toma como un insulto la voluntad de los pertenecientes a éstas de separarse de la nación española para constituir una nueva a su vez. Resulta insultante que alguien no quiera pertenecer al mismo grupo humano que uno mismo, ¿qué tengo yo de malo? Por otro lado, el independentista es visto como una amenaza a la “unidad de España”, algo de lo que los ciudadanos no independentistas se sienten, en general, orgullosos. De estos ciudadanos no pertenecientes a las comunidades históricas, los hay más y menos orgullosos de su españolidad, y aquí cabe citar las famosísimas “dos Españas”. Por un lado, la de la bandera rojigualda y el crucifijo; y por el otro los que de estos fetiches no se preocupan demasiado. Sobre esto se publicaron el 5 de Febrero unas fotos en la versión impresa de “El País”, a propósito de las manifestaciones de repulsa al atentado de ETA en Brajas, muy ilustrativas; como el artículo impreso es de consulta de pago en Internet, ofrezco sólo la foto de la manifestación convocada por el PP. En el artículo impreso que cito, esta foto aparecía al lado de la de la convocada por el PSOE, en la que se veían pocas o ninguna banderas rojigualda, ilustrando de este modo tan gráfico la diferencia entre las “dos Españas”.

Ni que decir tiene que aquel ciudadano al que se le hincha la boca al pronunciar “España” es el mismo que ahora echa espuma por esa boca con la excarcelación de De Juana. Sabemos quiénes son: familias ligadas al régimen de Franco, antiguos nobles, familiares de eclesiásticos, soldados o policías. En definitiva, el núcleo de la España conservadora, heredera de los valores cristianos y nacionales de la España tradicional. Son estos valores los que inspiran el odio al diferente, al que desea otra cosa. Aquel que le da tanta importancia a la unidad de España es el que se siente ofendido y atacado con el independentismo, hasta el punto de pasar por encima de la Justicia y los derechos fundamentales para reprimir la herejía independentista. Desgraciadamente, no es tan sólo la España rojigualda la que siente este odio, sus valores están presentes en menor medida en una gran parte de la sociedad española, por medio de la tradición y la escasa educación, y muchos ciudadanos para los que la unidad de España no es fundamental sienten confusión y recelo ante el fenómeno independentista.

Sin embargo, el sentimiento nacional así entendido (grupo humano originario de un territorio, que habla una lengua común y comparte unas costumbres, tradiciones y religión) es hoy en día un anacronismo y está condenado a desaparecer, como están condenadas a desaparecer las religiones en el mundo más civilizado. Igual que el fenómeno religioso, que pese a tener su origen en un estadio primitivo de la evolución del ser humano (“estadio mitológico”, lo llaman los antropólogos) y su desaparición total debería haberse verificado con el nacimiento de la Ciencia moderna, se perpetúa empero más allá del estadio tecnológico que le es propio; el concepto de “nación” se perpetúa hoy en una etapa de evolución en la que los medios de comunicación permiten un intercambio cultural total, un tráfico constante a lo largo y ancho del mundo de personas y capitales, y unas superestructuras económicas transnacionales que nada tienen que ver con las naciones tradicionales. En uno y otro caso, el aparente absurdo tiene su explicación: ya sea la religión que el concepto y sentimiento de nación, ambos son muy útiles al Poder. En qué medida usan estos conceptos exige un análisis profundo que alargaría demasiado esta exposición, bastará un sencillo ejemplo reciente para ilustrar al lector de cómo el concepto de “nación” (el que nos ocupa) resulta útil al Poder: cuando Evo Morales nacionalizó las reservas naturales de Bolivia, pudimos ver a Mariano Rajoy instar al Gobierno a “defender los intereses legítimos de España”, es decir a intentar minimizar el impacto de la medida a la petrolera Repsol. Implícitamente, la frase identificaba a Repsol con España. Pero sucede que Repsol no es España, ni los ciudadanos españoles: es una empresa privada, cuyo accionariado se compone de magnates y pequeños propietarios de muchas nacionalidades, entre los que se encuentran unos cuantos españoles. Repsol forzó así al Gobierno a actuar a favor de sus intereses, por medio del valedor de los empresarios Rajoy, que a su vez modeló con sus palabras la “opinión pública” de los españoles trabajadores, que ingenuamente pensaban que los intereses de Repsol eran sus intereses, por obra y gracia del sentimiento nacional que les hacía identificar Repsol con España.

De la tercera cuestión influyente en la actitud autodestructiva de la sociedad española he ya esbozado algunas claves hablando sobre la ignorancia de ésta en cuanto a derechos. La nueva doctrina que con infinita hipocresía declara al orden burgués-capitalista garante de las libertades a la vez que viola todos los derechos fundamentales y legitima a sus gobernantes (brazos ejecutores del Poder) para perseguir y reprimir la disidencia de cualquier signo, pacífica o violenta, tiene su origen en USA, país de fuerte tradición católica conservadora; e impone su dominio con el arma más poderosa: los medios de comunicación de masa. Ya he comentado la relación que tiene el atropello a los Derechos Humanos que se da en Euskadi con la nueva doctrina, cuyo alcance hago notar que es aún mucho mayor y seguirá creciendo. Tan sólo quiero añadir una señalación de culpables: la prensa oficial española, la televisión, tienen gran culpa al orientar la opinión del ciudadano hacia el odio y la indignación, en lugar de sembrar valores de tolerancia y entendimiento con un discurso más moderado y menos malicioso. Es, de hecho, la prensa la gran culpable de la ignorancia de los ciudadanos y de sus desviados valores, y desde aquí señalo con mi dedo a los compañeros periodistas que ceden al chantaje de escribir patrañas y folletines destinados a incidir a fuego opiniones odiosas y mentiras falaces en las mentes de los ciudadanos. Ellos son culpables de traición a su profesión y a su prójimo, son servidores del Poder que hacen posible que éste ejerza su influencia en todos los ámbitos de la vida de la ciudadanía. El Poder y sus marionetas los políticos no son tan mezquinos pues al fin y al cabo buscan su interés.

Concluyo resumiendo al decir que la ignorancia y la desidia de la ciudadanía, arrulladas por los medios de comunicación falaces y el bienestar que la aleja de la sensibilidad hacia problemas ajenos, nos dejan indefensos ante las manipulaciones del Poder, llegando a hacernos olvidar nuestro tesoro más preciado, los Derechos individuales y la Libertad y dejárnoslo arrebatar con bovino consentimiento. Es necesario que los intelectuales que disponen de la cultura y el sentido crítico para darse cuenta de la catástrofe tomen una actitud activa y hagan lo posible por despertar a esta sociedad dormida.

2 comentarios:

Eva dijo...

Buscando información sobre los derechos humanos he llegado hasta aquí. Me ha gustado la entrada, así que espero que no te moleste mi comentario.
Creo que tienes mucha razón respecto al tema de los medios de comunicación, dedicados a instruir a las masas en vez de transmitirnos el saber y dejar que nosotros decidamos. Nos dan información, una información retocada por los intereses del poder que solo busca hacer de nosotros un rebaño de fieles ovejas. Pero creo que también debemos recordar que una parte de la culpa es nuestra: no nos gusta el sistema en el que vivimos pero, dado que nuestro nivel de vida no es del todo malo, no intentamos conseguir la ansiada libertad, por miedo a perder lo que tenemos, aunque en realidad no tengamos nada.

Eva.

Xurxo Ventos dijo...

Hola Eva, gracias por tu comentario,
que de ninguna manera podría molestarme por muy en desacuerdo que estuvieses conmigo -que no es el caso-, tan sólo me enojan los comentarios groseros.
Ahora estoy un poco apurado, no puedo responderte, espero hacerlo esta noche. Gracias por tu aportación y por obligarme a escribir, que llevo tiempo sin hacerlo.
Hasta luego!